8 febrero 2010

El barco gallego Estrella Maris II, a punto de cumplir su sueño en el Grand Prix del Atlántico

Eran las 10:30 horas de la mañana del 14 de enero cuando finalmente el comité organizador pudo dar la salida del VI Gran Prix del Atlántico desde Puerto Sherry, prevista inicialmente para el 9 de enero pero que se vio impedida por motivos meteorológicos que recomendaban su aplazamiento. Así, con mucho viento y ola, el barco vigués del armador Ernesto Cortina, el Estrella Maris II aproaba rumbo a la Marina de Rubicón en Lanzarote, para posteriormente dirigirse a Sansouci en Santo Domingo, final del recorrido de esta regata de altura de cruceros, inscrita en el calendario y que cuenta con la colaboración de la Real Federación Española de Vela, la Real Asociación Nacional de Cruceros y la Federación Andaluza de Vela, bajo la organización de Difusión Náutica S.L. y el Club Náutico Skipper. El Grand Prix del Atlántico durará un total de treinta días en los que se recorrerán 3.800 millas. A bordo del Hunter 41, cinco tripulantes, dos de ellos gallegos; Catutxa Cabrera y Marcos Iglesias.



Con vientos de más de 25 nudos y puntas de 30, y una ola muy molesta, el Estrella Maris zarpaba en segunda posición por detrás del Zitania -Sun Odyssey 54-. Tras pasarles por delante el Niob Sexto -un Actual 46-, los de Cortina se aferraron a la tercera posición que defendieron sin problemas durante las primeras jornadas. Las duras condiciones meteorológicas del primer día de navegación dieron paso a una encalmada, el peor enemigo de los veleros, para dejar paso el 16 de enero a los esperadísimos vientos alisios. La estrategia estaba clara en una primera fase con parada en Lanzarote: llegar a Canarias pegados a la costa Africana. Fallaron en sus previsiones, y a pesar de creer ir terceros, fueron los penúltimos en llegar a Marina Rubicón.

Rumbo a Santo Domingo, el conocido meteorólogo Maxi Casares –de La Coruña- se convierte desde tierra en su mejor aliado, sus indicaciones hacen que el barco gallego Estrella Maris recupere poco a poco las posiciones perdidas, y la tripulación vuelve a estar animada. Rumbo sur, hasta recuperar los conocidos como trade-winds, vuelven a estar en liza. Han pasado diez días de navegación, y llevan en rumbo directo a la isla caribeña.

Cerca de pasar el ecuador de la travesía, que en total suma 3.800 millas, a la espera de que a mediados de febrero pongan fin a su sueño, el armador comenzaba a acusar los fallos del barco, maniobras y estrategia: “El barco sigue siendo muy lento, y aunque le intentamos sacar todo su rendimiento, sin spy, cargados, pesados y con hélice de doble pala no retráctil, no podemos hacer gran cosa para hacerle correr, más que buscar vientos duros. Nos empezamos a merecer un descanso después de 48 horas de condiciones extremas y no podemos descansar demasiado”. A pesar de que la sintonía entre el patrón y el Estrella es buena, algo está fallando, tendrían que haber adelantado posiciones, puesto que los demás barcos se han encontrado con pozos de viento, y no es así; se mantienen a la cola. “Nuestro reto es cruzar el atlántico a vela y sólo a vela.

Somos muy conservadores con la comida, el agua, las baterías, las cargas del generador y el gasoil que lo alimenta. Creemos que tenemos Sto. Domingo en la proa y así nos motivamos. Pero lo cierto es que lo que tenemos en la popa es África y estamos empezando a cruzar el Atlántico. Mejor pensar en la proa y las millas que faltan, que son todas, y las iremos restando según avanzamos”, relataba Cortina desde el barco. A pesar de que la velocidad era limitada, la tripulación al completo sigue a día de hoy manteniendo el ánimo. Puede que no consigan el trofeo, pero se llevan la experiencia. “Hemos venido a cruzar el Atlántico a vela, nosotros a lo nuestro”, afirman a coro.

Sobrepasado con creces el paralelo 20 norte, con la flota entre el 19 y 18, el viento arrecia hasta los 35 nudos, y la organización confirma que algunos de los participantes se han retirado, puesto que se trata del Gran Prix más duro de la historia. Ahora, tras 23 días de navegación las embarcaciones que van lideres ya han visto tierra, a 400 millas de Santo Domingo. Habrá que esperar a ver que pasa con el barco gallego, el único que se ha atrevido a echarle un pulso a este desafío. Como suele acabar su diario de a bordo Ernesto: ¡Gracias por seguirnos y agua bajo quilla!.

Tripulación: Cuatro hombres y una mujer
Ernesto Cortina es el armador del barco y principal culpable de la aventura. Para él, el océano de Galicia no tiene secretos. Asiduo de las pruebas que se celebran año a año en las rías gallegas, lidera una tripulación que participa en el circuito de la Comunidad. A bordo del Jotiti, un RO-400 SK, ha logrado un brillante palmarés. Destacar el primer puesto en la Regata Rías Baixas de 2008, o un merecidísimo podio en el Trofeo Príncipe de Asturias el pasado mes de septiembre.

Si bien, junto a Cortina se ha embarcado una renovada tripulación que no ha dudado ni un por un momento en hacer realidad una de sus asignaturas pendientes; navegar en crucero en pleno atlántico. Una mujer, la viguesa Catuxa Cabrera, reconocida experta en vela ligera; Ignacio Montero y Antonio Román, dos de sus asiduos tripulantes del Estrella Maris y del Jotiti; y Marcos Iglesias, el segundo de los gallegos que conforma la tripulación, y Miguel Jauregui, ambos navegantes profesionales que el armador –Cortina- llega a comparar con Fernado Alonso y Carlos Sainz, pero en este caso sobre el agua. Han participado en las más importantes regatas del mundo, como es entre otras, La Copa América, donde no sólo navegan los mejores, sino también los mejores barcos (…), de ahí que se la conozca como la fórmula uno de la vela. En la última regata de la no sólo consiguieron quedar cuartos, lo cual es un enorme éxito, sino que ganaron nada más y nada menos que al barco americano BMW ORACLE.

Millas solidarias- Ayuda a Haití
El día 13 de enero, ocurría el terrible terremoto en Haití. Deseosos de salir a navegar, al margen de la competición el propósito de los barcos participantes por ser el primero en cruzar la línea de meta, dejo de tener sentido. La Organización de la Regata no propuso a todos los barcos que de forma voluntaria, podrían hacer escala en la isla de Lanzarote y cagar medicinas, alimentos, ropa y agua para ayudar en Haití. Ninguno se lo pensó, a pesar de que en este tipo de competiciones el peso a bordo es determinantes para estar en cabeza. En palabras del armador: “Eso dejo de importar, cuanto más peso más ayuda para las víctimas. La competición en sí ha dejado de serlo para convertirse en una regata solidaria por llegar todos cuanto antes para llevar esas medicinas a quien más lo necesita”. Cargados de mantas, que les hacen perder velocidad por peso, el fin justifica los medios, y el premio es mayor del esperado.

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